miércoles, 30 de marzo de 2016

Islam a las puertas

Tropas visigodas llegan a la Península hacia el año 410 combatiendo para expulsar, por encargo de Roma, a las tribus germanas de vándalos, suevos y alanos. Con la caída del Imperio Romano de Occidente quedarán como únicos dueños y señores de la antigua y muy romanizada provincia de Hispania.
Empujados a su vez por los francos, que se han extendido por la Galia, acuden en masa para quedarse; naciendo así un reino con una mayoría de población hispanorromana, de religión católica, que controla la administración, y una minoría germánica, arriana, a la que corresponde el poder real y la fuerza militar. La distinción es tan grande que confluyen dos modos de vida y dos regulaciones diferentes: el derecho romano y el derecho germánico.
Además de las tensiones entre la población y los nuevos señores, nos encontramos con un paisaje extraordinariamente conflictivo: la guerra con los suevos, que asolan el noroeste peninsular; con los francos, que acaban de ser expulsados de los Pirineos; con pueblos cantábricos, que escapan a su control; y con los bizantinos, que han tomado fuertes posiciones en el sureste ibérico.
Hasta Leovigildo, que instala la capital del reino en Toledo, pacifica la Península y promulga la primera ley sobre matrimonios mixtos entre godos e hispanorromanos, no comienza la fusión propiamente dicha. Aunque continuaba un elemento de separación entre católicos y arrianos, que incluso supone un conflicto, doméstico pero feroz entre Leovigildo, arriano, y uno de sus hijos, Hermenegildo, convertido al catolicismo; episodio que terminó mal para Hermenegildo, con su ejecución, y mal para Leovigildo porque otro hijo, Recaredo, el heredero del trono, se convierte al catolicismo en 589.
La unificación definitiva fue la jurídica, cuando el rey Chindasvinto decidió elaborar un solo código para todos: el Líber Iudiciorum, conocido como Código de Recesvinto, porque fue éste, hijo de Chindasvinto, quien culminó la tarea legislativa en el año de Nuestro Señor de 654.
Parecía que acabados los líos entre hispanorromanos y visigodos, conseguida la unidad territorial, cultural y religiosa, así como jurídica, 300 años después Hispania volvería a la estabilidad de la que antaño disfrutó como provincia romana. Pero no adelantemos acontecimientos y volvamos la cabeza hacia Oriente para ver lo que allí pasaba y que acabaría condicionando siglos de nuestra Historia.
Sucedió que en 622 en "la ciudad del profeta", que es lo que significa Medina, Mahoma funda su Teocracia, su Estado Islámico, que se irá expandiendo a costa de los imperios persa y bizantino. Nos encontramos con que un nuevo instrumento, la guerra santa se encarga de desalojar a Occidente de los inmensos territorios adquiridos por griegos, macedonios y romanos.
Su sometimiento es implacable: en veinte años los territorios que posee se extienden desde Persia y Pakistán hasta la actual Libia, igualando a los mayores imperios de la Antigüedad. En 638 cae Jerusalén. Le siguieron Alejandría, continuaron hacia Trípoli y de aquí a Cartago, que cayó en 698. Y los soldados de Alá llegaron a Ceuta. La antigua provincia romana de África y su floreciente comunidad cristiana quedó bajo el poder del Islam.
Mientras, en la Península (en 710), Witiza muere y deja en el trono a su hijo Agila, lo que contradecía la tradición electiva de la monarquía goda, de manera que una parte de la nobleza coronó rey a un aristócrata llamado Don Rodrigo, Duque de la Bética. El enfrentamiento entre facciones pasó a convertirse en una guerra civil.
Agila y sus partidarios, los denominados "witizianos", controlaban el norte y el este de España; Rodrigo y los suyos, el sur y el oeste. El resultado de la lucha era incierto y la facción de Agila tomó una decisión que terminaría siendo de catastrófica desdicha: solicitar ayuda a los musulmanes del otro lado del Estrecho, para que sus armas inclinaran la balanza del lado witiziano. Esta tarea recayó en Don Julián, hombre de confianza de Witiza, el viejo rey y por ello partidario de Agila, el hijo de Witiza, y que además estaba en buenas relaciones con los musulmanes, en especial con los jefes político y militar del área de Tánger, que eran Muza y Tarik respectivamente. Al parecer, Don Julián costeó el traslado de las tropas musulmanas a la Península. 
Esta es la Historia oficial, que podemos engalanar con lo que para unos es leyenda y para otros no. Se trata del espinoso asunto entre Don Rodrigo y la bella Florinda (la Cava) que resume así el Romancero:

"Florinda perdió su flor,
el rey quedó arrepentido
y obligada toda España
por el gusto de Rodrigo.
Si dicen quién de los dos
la mayor culpa ha tenido
digan los hombres: la Cava,
y las mujeres: Rodrigo."
Desde el siglo X circulaban textos cristianos, con un relato de origen incierto, que apuntan como desencadenante de la invasión musulmana la violación de la hija del Conde Olián, gobernador de Tánger y Ceuta. Al parecer, este misterioso noble, al que posteriormente se le denominó "Don Julián", habría pactado con los musulmanes tras el estupro de su hija Florinda, y la negativa al matrimonio de Rodrigo, para derrocar al rey y vengar la ofensa recibida. Esta versión es la que manejan también historiadores árabes como Al-Razi (ss.  IX-X). Difundida en las crónicas cristianas del norte de la Península (Chronicón Silense, Crónica Najerense, Crónica Tudense, Crónica del Toledano) en los siglos XII y XIII y posiblemente también a través de otras versiones más populares hasta nuestro días.
Fuera como fuere, culpa de la falta de pudor de Florinda o de la falta de dominio de Rodrigo; o, simplemente, culpa de las luchas por el poder entre los de Agila y los de Rodrigo . . . el caso es que disputas domésticas, de régimen interno, atraen a los seguidores del Profeta al desembarco en las tierras de España.
Hubo, según parece, una primera tentativa que las huestes de Rodrigo aplastaron en Algeciras. Pero el 30 de abril de 711 Tarik, al frente de unos 7.000 hombres, desembarcaba en Gibraltar.
Don Rodrigo combatía un levantamiento vascón y tuvo que acudir precipitadamente a intentar contener la invasión árabe, que se hizo efectiva tras la batalla de Guadalete, cerca de Jerez, y gracias en parte a la traición del sector witiziano de las tropas godas, que, volvieron grupas, al inicio de la batalla, abandonando las alas que protegían el centro del campo en el que combatía Don Rodrigo con sus huestes. La ruina comenzó ahí. Las tropas reales no se repusieron y encadenaron una derrota tras otra hasta la pérdida de Toledo. De Don Rodrigo no se tiene noticia cierta. Al parecer, Agila fue reconocido como rey por la nobleza visigoda. Pero Agila sería rey si a los moros les parecía bien, y no les pareció.
En apenas tres años, el sur del reino visigodo con los territorios más prósperos y mejor organizados, cayeron bajo el dominio musulmán. Posteriormente caerán Talavera, Zaragoza, Lérida . . .
Agila viajó a Toledo para obtener de Tarik, el victorioso caudillo musulmán, el reconocimiento como rey. Pero Tarik remitió el problema a su jefe político, Muza y este envió a Agila a Damasco para que fuera el califa quien decidiera sobre el asunto. Parece que el califa le trató bien, pero la respuesta se demoraba en demasía. Y como tardaba en volver, sus partidarios nombraron un nuevo rey: un tal Ardón, que desde Narbona resistirá a los musulmanes hasta 720.
Esta división entre los que tenían el deber, y la encomienda, de defender el territorio que a sus anchas mangoneaban nos costó algo más que "sangre, sudor y lágrimas".
Los advenedizos de la media luna vinieron y se quedaron. Quizá no fuese su intención, pero vieron la oportunidad y supieron aprovecharla. El moro Muza no iba a soltar la pieza que con tanta facilidad había tomado. Su cimitarra(1) se clavó en la piel de toro como en la mantequilla, sin apenas resistencia.
Los visigodos del bando witiziano no veían a los musulmanes como enemigos, sino como aliados, no tenían razón alguna para hacerles la guerra. Hasta que ya fue demasiado tarde. 
Los terratenientes hispanorromanos y la población judía consideraban a los recién llegados como a unos salvadores frente a la opresión de la monarquía visigoda. Hasta que sufrieron en sus carnes la nueva opresión y aprendieron dos nuevos conceptos: "yihad" (guerra santa) e "islam" (sometimiento). Las dos medicinas probaron, bajo receta facultativa, durante unos cuantos siglos.
Algunos historiadores consideran la reconquista de España como la primera cruzada. Desde Covadonga, año 722, hasta la conquista de Granada, en 1492, pasan casi 800 . . . Pero esa es otra Historia.
Los invasores, pensando que todo el monte es orégano, llegaron hasta Poitiers, en 732, donde son derrotados por los francos. Y asientan sus reales, sus jaimas, sus harenes, sus mezquitas y sus sandalias llenas de arena del desierto en lo que les debió de parecer el paraíso en la tierra: Al-Ándalus, no escaso de agua y de mujeres rubias.

Casi trece siglos después, el denominado Estado Islámico, del mismo nombre que el fundado por Mahoma, añora y reivindica Al-Ándalus. Y casi trece siglos después en España seguimos discutiendo si son galgos o podencos, si firmamos el pacto anti yihadista, si lo firmamos con tinta invisible o con tinta borrable, o no lo firmamos sin más. 

¿A quién culparemos esta vez a Florinda o a Rodrigo?
Tú dirás amable lector.


(1) El origen cronológico y geográfico de la espada denominada "cimitarra" suscita todavía dudas y controversias. Hay teorías que la sitúan en la Antiguedad (Egipto) y otras que aseguran que hasta el sXII no aparece.

jueves, 4 de febrero de 2016

Rómulo Augusto, Constantino, Pablo Iglesias y Felipe de Borbón.

Cuenta la leyenda que Rómulo y Remo fundaron la ciudad de Roma en medio de las colinas entre las que discurre el Tíber. Uncieron dos blancos bueyes, excavaron un surco, para ser exactos en el Palatino, y construyeron las murallas jurando matar al que tuviese los bemoles de cruzarlas. Remo, que andaba enfadado porque no era la ubicación que prefería, dijo que eran frágiles y rompió un trozo de un puntapié. Y Rómulo, fiel al juramento, le mató.
El predio de pocas hectáreas que Rómulo y Remo acotaron con el arado convirtiose en pocos siglos en el centro del Lacio, posteriormente de Italia, y más tarde de lo que entonces era el mundo conocido. Y en todo él se habló su lengua, se acataron sus leyes, y se contaron los años "ab urbe condita", esto es que, desde la fecha del 21 de abril del año 753 antes de Jesucristo, sus habitantes hicieron de ella el comienzo de la historia del mundo; hasta que el advenimiento del Redentor impuso otra contabilidad.

Dejamos a Rómulo y nos trasladamos 780 años para encontrarnos con que en 27 adC a Octaviano, sobrino nieto del gran César, el Senado le confiere el apelativo de Augusto, que literalmente quiere decir «el aumentador»; que Octaviano aceptó, convirtiéndose en el primer emperador.

Ya tenemos a un Rómulo, fundador, y a un Augusto, emperador. 
Ahora vamos a presentar a Flavio Rómulo Augústulo, nacido el año 461 en Rávena, el último Emperador Romano de Occidente (475-476).
Era hijo de Flavio Orestes (Panonia, hacia 425 - Roma, 476), general bárbaro al servicio de Roma, que en su tierra natal sufrió la invasión huna entre los años 425 y 434, pero gracias a sus cualidades alcanzó el cargo de secretario personal (notarius) del mismísimo Atila. 
Para que nos hagamos una idea de cómo estaban las cosas de revueltas en el maltrecho Imperio Romano de Occidente, recordaremos que los vándalos de Geneserico trataron de imponer en el trono a Glicerio. Pero el Imperio Romano de Oriente no lo reconoció, y designó a Julio Nepote y, para ponerle a salvo del vándalo, compró a éste una paz desastrosa, reconociéndole la gobernanza no solo de África, sino también de Sicilia, Cerdeña, Córcega y las Baleares. Casi al mismo tiempo, el rey de los visigodos, Eurico, a cambio de la neutralidad, obtuvo España. Burgundios, alamanes y rugios se repartieron el resto de las Galias. 

¿Y qué se le ocurrió al impuesto por Constantinopla Nepote? Pues que tuvo la feliz idea de ordenar al general Orestes licenciar el ejército que ya no podía mantener. Los bárbaros que lo componían se amotinaron. Orestes tomó su mando y Nepote huyó.

Orestes proclamó soberano a su hijo, Rómulo Augusto, aunque el emperador de Oriente Zenón no lo reconoció como tal. Un irónico demiurgo quiso dar al crío, llamado a ser el último emperador de Roma, el nombre del primero y el nombre del fundador. 
El desastre vino cuando los soldados bárbaros, hérulos, reclamaron tierras en el mismo corazón de la península, unos la llanura del Po, otros, la Emilia y otros, la Toscana. Uno de sus oficiales, Odoacro, encabezó la revuelta, atacó a Orestes en Pavía, le derrotó y le mató. Rómulo Augusto, al que después la historia ha llamado «Augústulo», o sea «Augusto el pequeño» para distinguirle del grande, fue depuesto y confinado en el Castel dell'Uovo, en Nápoles, con una pingüe pensión. Su fecha de muerte es un verdadero misterio, ya que mientras se pierde todo rastro de él hacia el año 476, existen indicios y teorías que consideran su supervivencia hasta el año 511. Odacro devolvió al emperador de Oriente, Zenón, las insignias del Imperio y declaró que en adelante gobernaría Italia como lugarteniente suyo. 
Las águilas habían volado y comenzaba la Edad Media. 

Así concluye el relato de la primera curiosidad, Roma se inicia con Rómulo, alcanza el Imperio con Augusto y con Rómulo Augusto se va al garete. Y no volvió a haber emperador en Occidente hasta Carlomagno, en el año 800.

Algo parecido sucede con Constantinopla.
Aunque no existe un consenso general en cuanto a la fecha de inicio del Imperio Bizantino, o Imperio Romano de Oriente, para algunos autores la fecha clave es la fundación de Constantinopla en el año 330, en tanto que otros estudiosos consideran como acta de nacimiento del Imperio Bizantino la muerte de Teodosio I, en 395, cuando el Imperio Romano fue definitivamente dividido en dos. Y otros consideran que puede hablarse de Imperio Bizantino desde que fue depuesto el último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo (476).

En cualquier caso, de quien vamos a tratar ahora es de Constantino, fundador de Constantinopla.

Cayo Flavio Valerio Claudio Constantino (272-337) era hijo bastardo de Constancio Cloro, y en 312 en la batalla del puente Milvio, vence a Majencio y gana Roma. El historiador Eusebio relata que Constantino, rodeado por las tropas enemigas, miró al cielo y vio una cruz llameante que llevaba inscritas las palabras: "In hoc signo vinces" (con este signo vencerás). Aquella noche, mientras dormía, oyó una voz alentándole a marcar la Cruz de Cristo en los escudos de sus legionarios y así lo hizo, y en vez del estandarte habitual de las cohortes enarboló un lábaro con una cruz entrelazada con las iniciales de Jesús. Enfrente el enemigo ondeaba la bandera del sol impuesto por Aureliano como nuevo dios pagano. Por primera vez, en la historia de Roma, se combatía utilizando la excusa de la religión. La Cruz resultó vencedora. Y con los cadáveres de Majencio y de sus soldados, pareció que se barriesen los restos del mundo antiguo.
De este modo obtiene la parte occidental del Imperio, mientras que la oriental, controlada por Licinio, tiene que esperar hasta el 323 y la batalla de Adrianópolis primero y después en Escútari. Desde entonces y hasta su muerte ejerció como emperador único "Totius orbis imperator".
Constantino reconstruyó y amplió la ciudad griega de Bizancio (la actual Estambul), a la que cambió el nombre por el de Constantinopla en 330 y convirtió en capital del Imperio. Con ello hizo bascular el centro político del Imperio hacia el este, suministrando una capital magnífica al futuro Imperio Romano de Oriente (Imperio Bizantino) y, desde 1453, al Imperio Otomano. 
Dejamos aquí al fundador de la bella ciudad y nos adentramos en la figura del último representante de la dinastía de los Paleólogos, del último emperador bizantino, del último emperador romano.
No era un emperador más, era un habitante del Peloponeso, donde renacía el Helenismo. Constantino advirtió a todo Occidente, sin ser escuchado, del peligro que representaba el turco, escribió cartas y más cartas a sus gobernantes, que eran su esperanza, pero estos no consideraron en su justa medida los mensajes que el emperador les enviaba.

Cuando vio que Mahomet no iba de broma, Constantino abasteció a la ciudad y fortificó las murallas con un gran esfuerzo y esperó al sultán que quería su ciudad.
Constantino XI Paleólogo (1405-1453), o Dragasés, como a él le gustaba que lo llamaran por el nombre de la familia servia de su madre, fue la fortaleza de los defensores, representó el honor y la creencia en la bondad de su Dios hasta último momento. Guió a su pueblo y se hizo respetar de forma que todos se esforzaran al máximo para abordar las enormes tareas requeridas; organizó una defensa coordinada de gentes que se odiaban entre sí, como los genoveses, los venecianos y los propios griegos, e hizo que todos luchasen en la defensa de lo que quedaba del Imperio. Constantino murió como un héroe. Con su muerte puede que estemos ante la presencia del nacimiento del mito romántico de un luchador inigualable, algo que fue creciendo ante la necesidad del pueblo griego de creer nuevamente en sus héroes, cuando luchaban por sobreponerse del yugo turco.
Nos trasladamos casi 400 años después para encontrarnos con Pablo Iglesias Posse, fundador del Partido Socialista Obrero Español, que nace en El Ferrol el 18 de octubre 1850. Tras la Restauración borbónica, el día 2 de mayo de 1879, a sus 28 años, funda el PSOE junto con un reducido grupo de correligionarios marxistas.
El programa defendido por Iglesias se plasma en un texto con un acentuado dogmatismo marxista en lo que se refiere al análisis de la sociedad, que procedía directamente de los escritos de Karl Marx y de Jules Guesde (articulista del periódico L’Égalité a través del que difundió las ideas marxistas en Francia) pero que tenía escaso acomodo con la realidad española, en la que el proletariado era minúsculo y la burguesía muy reducida; entre los dos no llegarían ni siquiera a la décima parte de la sociedad.
Curiosamente el Partido Socialista surgió en sus comienzos sin la "E" de español, ya que al marxismo no le agradaba la idea de nación porque su cosmovisión era la de una sociedad dividida únicamente en esas dos clases supuestamente antagónicas, la burguesía y el proletariado. 

En las elecciones municipales de 1895 los socialistas de Iglesias solo consiguieron tres concejales. Al proyecto se unió Miguel de Unamuno que al poco de ingresar en el PSOE escribía a su amigo Pedro Mújica:
«Soy socialista convencido, pero, amigo, los que aquí figuran como tales son intratables: fanáticos necios de Marx, ignorantes, ordenancistas, intolerables, llenos de prejuicios de origen burgués, ciegos a las virtudes y servicios de la clase media, desconocedores del proceso evolutivo. En fin, que de todo tienen menos sentido social. A mí empiezan a llamarme místico, idealista y qué sé yo cuántas cosas más. Me incomodé cuando les oí la enorme barbaridad de que para ser socialista hay que abrazar el materialismo. Tienen el alma seca, muy seca, es el suyo un socialismo de exclusión, de envidia y de guerra, y no de inclusión, de amor y de paz. ¡Pobre idea! ¡En que manos anda el pandero!».

Pablo Iglesias, conocedor de la importancia de la prensa, fundó su propio periódico, "El Socialista", el 12 de marzo de 1886. En 1888 completó el entramado institucional del socialismo español con la creación de la Unión General de Trabajadores (UGT), aprovechando la apertura para el asociacionismo que supuso el gobierno de Sagasta; y en 1905 añadió a estas organizaciones las Juventudes Socialistas, las mismas que con Santiago Carrillo al frente se pasaron al Partido Comunista en marzo de 1936.
Pablo Iglesias subió por vez primera a la tribuna de oradores del Congreso el 7 de julio de 1910. Su intervención demostró su talante revolucionario y antidemocrático, llegando a amenazar de muerte a Antonio Maura, líder conservador:
«El partido al que yo represento aspira a concluir con los antagonismos sociales, a establecer la solidaridad humana, y esta aspiración lleva consigo la supresión de la Magistratura, la supresión de la Iglesia, la supresión del Ejército, y la supresión de otras Instituciones necesarias para ese régimen de insolidaridad y antagonismo».
«El partido socialista viene a buscar aquí lo que de utilidad puede hallar, pero la totalidad de su ideal no está aquí; la totalidad entiende que ha de obtenerse de otro modo. Es decir, que este partido… estará en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita . . . ».
«Tal ha sido la indignación producida por la política del Gobierno presidido por el Sr. Maura en los elementos proletarios, que nosotros . . . hemos llegado al extremo de considerar que antes que Su Señoría suba al poder debemos llegar hasta el atentado personal».

Pablo Iglesias Posse falleció en Madrid el 9 de diciembre de 1925.
Y Pablo Iglesias Turrión nació el 17 de octubre de 1978 en Madrid. 
Y ha descabalgado al fundador del PSOE en Google. 
Hijo de militantes socialistas, de ahí su nombre, y nieto de combatiente republicano en la Guerra Civil española, por parte de padre.

Posicionado políticamente en la extrema izquierda desde muy joven, se inició como militante a los 14 años en la Unión de Juventudes Comunistas de España, organización en la que permaneció hasta los 21. Quienes de ahí le conocen destacan dos características: su radicalismo y su vanidad.
Ha colaborado en publicaciones como Público, Kaosenlared, Diagonal y Rebelión. En 2003 inició en Tele K el programa La Tuerka que posteriormente se trasladó al Canal 33. En 2013 comenzó a presentar el programa Fort Apache, en Hispan TV. En mayo de ese mismo año, debuta como tertuliano en el programa El Gato al Agua, de Intereconomía. Después ocupa espacio en las demás cadenas, El cascabel al gato (13 TV), La Sexta Noche (La Sexta), Las Mañanas de Cuatro y 24h Noche de TVE. Igual que el fundador del PSOE, pero cambiando la prensa escrita por la televisada.

En 2014 da la sorpresa al conseguir que el partido político que crea, PODEMOS, obtenga 5 escaños en las elecciones al Parlamento Europeo, con casi el 8% de los votos. También obtienen, las coaliciones en las que se incluyen, buenos resultados en las municipales y autonómicas de mayo de 2015 y, en la generales de diciembre.
El acenso en el números de votos de PODEMOS es directamente proporcional al descenso en el número de votos del PSOE. Los analistas políticos coinciden en que una vez fagocitada Izquierda Unida, el siguiente objetivo parece evidente, aunque no exento de dificultad..

Y para concluir. Felipe de Anjou, conocido como el Animoso, nacido en 1683 en Versalles y con un pedazo de abuelo, que pronunció una frase para la eternidad: "el Estado soy yo". Hablamos de Luis XIV, el rey sol, el absolutismo hecho carne.
Felipe heredó el trono español al morir en 1700 Carlos II, el último de los Habsburgo en España, sin descendencia. Es el primer Borbón y accede a la corona de España con la condición de que la nueva dinastía no podría jamás unirse con la francesa.
Pero los Austria veían con derechos más legítimos para el trono al archiduque Carlos, lo que desencadenó una contienda general en Europa por ocupar el Trono de España: la Guerra de Sucesión Española (1701-14); que los separatistas catalanes aprovechan para vender el mito de una inexistente guerra de secesión.
El enfrentamiento entre el rey de Francia Luis XIV, el emperador de Austria y los países aliados de ambos bandos terminó con los Tratados de Utrech en 1713 y de Rastadt al año siguiente; en los que se reconocía a Felipe V como rey de España, pero a cambio de la pérdida de territorios en Italia y en los Países Bajos que pasaron al Imperio y a Saboya respectivamente; a su vez se cedía Menorca y Gibraltar a Gran Bretaña y a Portugal la colonia de Sacramento.

Curioso es que el último Rey Borbón también se llama Felipe.
Don Felipe de Borbón y Grecia es el tercer hijo de Don Juan Carlos y Doña Sofía. Nació en Madrid el 30 de Enero de 1968 y fue bautizado con los nombres de Felipe, Juan, Pablo y Alfonso de Todos los Santos.
Lleva el nombre de Felipe, precisamente, en memoria del primer Rey Borbón de España y el tiempo nos dirá si se da la coincidencia que hemos visto con Rómulo y con Constantino.

¿Caprichos de la Historia?
Lo que no se puede cambiar es que Rómulo funda Roma, Augusto es el primer emperador de Roma y Rómulo Augusto el último.
Del mismo modo que tampoco se puede cambiar que El emperador Constantino funda Constantinopla, sobre la base de Bizancio, y que el último emperador del Imperio Romano de Oriente fue Constantino XI Paleólogo.
Que Pablo Iglesia Posse funda el PSOE tampoco se puede cambiar, ahora bien, que Pablo Iglesias Turrión expida su certificado de defunción, sí puede cambiar.
Del mismo modo que no se puede cambiar que Felipe V haya sido el primer Borbón y que de los españoles dependa que Felipe VI no sea el último.
Quizá no haya que tardar mucho para conocer si la Historia nos tiene preparadas dos nuevas coincidencias patronímicas.

miércoles, 6 de enero de 2016

De magnicidios, intentos y puñetazo.

Desde Prim hasta Carrero Blanco cinco jefes de Gobierno han sido muertos en atentados realizados por anarquistas, republicanos o etarras. Hoy en día la noticia no seria la motivación política de los asesinos sino su afinidad con algún equipo de fútbol.
Prim fue asaltado, en un mes de diciembre de 1870, en la calle del Turco (hoy Marqués de Cubas) por una cuadrilla de asesinos que estaban ocultos en dos coches de alquiler.
Tres anarquistas catalanes, en marzo de 1921, descerrajaron 18 balazos contra el presidente del Consejo de Ministros Eduardo Dato en la Puerta de Alcalá.
La figura más influyente de la política española del último cuarto del siglo XIX, el artífice de la Restauración, Cánovas del Castillo, también fue asesinado, por un anarquista italiano, en el balneario de Santa Águeda de Mondragón en agosto de 1897.
Otro anarquista, en noviembre de 1912, disparó por la espalda a Canalejas en la librería San Martín de la Puerta del Sol.
Previo al atentado contra Antonio Maura, en julio de 1910, otro Pablo Iglesias pronunció en el Congreso estas palabras: “Tal ha sido la indignación producida por la política del gobierno presidido por el Sr. Maura , que los elementos proletarios, nosotros de quien se dice que no estimamos los intereses de nuestro país, amándolo de veras, sintiendo las desdichas de todos, hemos llegado al extremo de considerar que antes que su Señoría suba al poder debemos llegar al atentado personal."
Días después Maura sufrió un atentado, cuando se encontraba en la estación de Francia en Barcelona, resultando herido en una pierna. Al día siguiente se formuló una protesta en el Congreso a la que, claro está, Pablo Iglesias no se adhirió.
En la conocida como «Operación ogro», diciembre de 1973, terroristas de la sanguinaria ETA colocaron 100 kilos de goma-2 en la madrileña calle Claudio Coello, que explotaron al paso del vehículo de Carrero Blanco.
También lo intentaron dos etarras contra Aznar en 1995 cuando era candidato a la Presidencia del Gobierno.
Y no, no fueron hinchas de ningún equipo de fútbol como pretendieron confundir algunos medios sobre la agresión a Rajoy, sino militantes de la izquierda violenta.
Escrito el 17 de diciembre de 2015.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Oriente contra Occidente.

El desconocimiento de la historia está penado con la repetición de los errores cometidos en el pasado.
En la antigüedad, el imperio persa no se conformó con el dominio del Medio Oriente y se estrelló contra Occidente en Maratón y Salamina, primero, y en Las Termópilas y Platea después. El choque de dos culturas, dos formas de entender la vida, la economía y la política. Los descendientes de Ciro "el Grande" -hijo de Cambises, de la casa de los Aqueménidas-, Darío I y su hijo Jerjes I, acecharon la Hélade y se toparon con Atenas y Esparta liderando a los griegos. Súbditos de Oriente contra ciudadanos libres de Occidente. Resultado 3-1 a favor de Occidente (en las Termópilas, único gol de Persia, de penalti pitado por Efialtes en el último minuto).
Poco después, agotadas las fuerzas tras la guerra del Peloponeso con la caída de Atenas, el auge de Esparta y la inesperada victoria de Tebas . . . surge la potencia del norte. Macedonia despunta con Filipo que une a los bravos señores de la montaña en un ejército formidable. Su hijo Alejandro se lo demostrará a Darío III en sus tierras y en sus carnes. Después de la batallas del río Gránico, Issos y Gaugamela se acabó Persia. Resultado 3-0 a favor de Occidente.
El imperio romano se las tuvo con los nuevos señores de Oriente: los partos arsácidas. El fracaso de Marco Licinio Craso no pudo ser reparado por Cayo Julio César; los idus de marzo se interpusieron en su camino mientras preparaba la campaña parta. De no ser por eso quizá se habría acabado el enfrentamiento entre civilizaciones con la romanización del Medio Oriente; pero no fue así, porque el más grande hombre que dio Roma cayó asesinado a los pies de la estatua de Pompeyo y, de premio, tres siglos de enfrentamientos entre Roma y Partia en Siria, Armenia, Mesopotamia, Capadocia, Galacia, Anatolia, Babilonia, Seleucia, Arabia, Judea . . . Lo que hoy son: Irán, Iraq, Turquía, Armenia, Georgia, Azerbayán, Turkmenistán, Afganistán, Tayikistán, Paquistán, Siria, Líbano, Jordania, Palestina, Israel, Kuwait y la parte del golfo pérsico de Arabia Saudí. Resultado 10-10. Tablas entre Oriente y Occidente y agotamiento de los dos contendientes.
Caído el imperio romano de Occidente y con la llegada de los sasánidas resurge el segundo imperio persa que mide sus fuerzas con el imperio romano de Oriente. De nuevo tablas después de siglos de conflicto.
¿Guerras de religión en estos enfrentamientos? ¿Zeus y Ares contra Ahura Mazda y Mitrha? ¿O los devotos de Júpiter y Marte contra los seguidores de Zoroastro?
Yo no lo creo. ¿Y después?
Hasta el 380 el cristianismo no se convirtió en la religión oficial. Desde el edicto de Milán de 313 los cristianos dejan de ser perseguidos y el cristianismo se extiende por todos los territorios en Occidente y en Oriente. Mientras que el imperio romano de Occidente llega a su fin en el año 476 -cuando Odoacro destituye al joven emperador Rómulo Augusto y asume el gobierno de Italia- Bizancio, el imperio romano de Oriente, asume en solitario el peso del enfrentamiento con el segundo imperio persa. Tampoco aquí hubo un ganador y siguió el empate en el marcador.
Pero he aquí que en 622 en "la ciudad del profeta", que es lo que significa Medina, Mahoma funda su Teocracia, su Estado Islámico, que se irá expandiendo a costa de los imperios persa y bizantino. Su sometimiento es implacable, en veinte años los territorios que posee se extienden desde Persia y Pakistán hasta la actual Libia, igualando a los mayores imperios de la Antigüedad. En 638 cae Jerusalén. Le siguieron Alejandría, continuaron hacia Trípoli y de aquí a Cartago, que cayó en 698. Y los soldados de Alá llegaron a Ceuta. La antigua provincia romana de África y su floreciente comunidad cristiana quedó bajo el poder del Islam, que no tardaría en asentar sus reales en la Hispania visigoda. Resultado: Victoria por goleada de Oriente contra Occidente.
Nos encontramos con que un nuevo instrumento, la guerra santa se encarga de desalojar a Occidente de los inmensos territorios adquiridos por griegos, macedonios y romanos, y con que en 711, Guadalete de por medio, penetra en el continente europeo hasta Poitiers, en 732, donde son derrotados por los francos.
Algunos historiadores consideran la reconquista de España como la primera cruzada. Desde Covadonga, año 722, hasta la conquista de Granada, en 1492, pasan casi 800 años en los que Occidente vuelve a ganar el partido a Oriente.
Aprovechando la debilidad musulmana tras el fin del Califato y la disgregación de los Reinos de Taifas, se supera la Cordillera Central ocupando la cuenca del Tajo y Toledo se reconquista en 1085.
Pero llegaron los turcos.
Los encontramos en el este del mar Caspio donde habitaban los nuevos actores, los uguz o turcomanos. El grupo selyúcida se separó de los uguz en el año 950 y se desplazó hacia el sur y el oeste. El califa abasí de Bagdad les pidió ayuda contra los fatimitas de Egipto y los bullidas de Persia, y los selyúcidas se la prestaron. Dirigidos por Tugril Bel invadieron Persia y hacia el año 1055 ya habían ocupado Bagdad. El califa abasí nombró a Tugril sultán bajo sus órdenes, sin embargo lo que había conseguido era entregar el Imperio abasí a los selyúcidas. De esta forma pasaron de ser una simple tribu nómada a dueños y señores del mundo islámico.
Ante las circunstancias no es sorprendente la unión de los reinos cristianos bajo la guía del Papa para luchar contra el Islam y recuperar los territorios que habían sido parte del Imperio romano o de su sucesor el Imperio Bizantino -Siria, Egipto, África del Norte, Hispania, Chipre- y sobre todo Jerusalén y Palestina, lugares sagrados donde Jesucristo y sus apóstoles habían vivido. Estamos en 1095 y esto es la primera cruzada; a la que siguieron siete más y doscientos y pico años de contiendas.
"Algunos dicen que cuando los señores de Egipto vieron la expansión del imperio selyúcida, se asustaron y pidieron a los frany que marcharan sobre Siria y establecieran un tapón entre ellos y los musulmanes. Solo Dios sabe la verdad."
Esta explicación dada por Ibn al-Atir sobre el origen de la invasión franca nos muestra la división existente en el mundo islámico entre los sunníes, que dicen pertenecer al califato abasida de Bagdad, y los chiitas, que se identifican con el califato fatimita de El Cairo. El cisma, que procede de un conflicto en el seno de la familia del Profeta, no ha dejado nunca de provocar luchas encarnizadas. Incluso a los hombres de Estado como Saladino, la lucha contra los chiitas les parecerá por lo menos tan importante como la guerra contra los frany. A los «herejes» los acusan regularmente de todos los males que padece el Islam, y no es sorprendente que se les atribuya la propia invasión franca. Dicho esto, si bien es totalmente imaginario que los fatimitas llamaran a los frany, la alegría de los dirigentes de El Cairo con la llegada de los primeros cruzados sí que es real.
Los ayubíes fueron la dinastía fundada por Saladino en 1169, que gobernó en Egipto, Palestina y Siria. Con la llegada de los séptimos cruzados (1248-1254), el pueblo musulmán, que estaba cansado de los últimos sultanes ayubíes por su indecisión e ineficacia en el enfrentamiento con los invasores europeos, se echa en los brazos de los Mamelucos; soldados esclavos convertidos al Islam y que constituyeron un sultanato en Egipto y regiones vecinas entre 1250 y 1517. De origen no musulmán provenientes del sur de Rusia y del Cáucaso se constituyeron en una milicia que fue organizada por el sultán ayubí as-Salih Ayub (1240-1249).
Expertos combatientes y dotados de un valor extraordinario, estos soldados del Islam frenaron el avance de los mongoles de Hulagú y de Ghazán, y lograron reconquistar Siria y Palestina a los cruzados; erradicando definitivamente esa amenaza occidental.
Dice el medievalista británico Steven Runciman: «La victoria mameluca salvó al Islam de la amenaza más peligrosa con que se había enfrentado nunca. Si los mongoles hubieran penetrado en Egipto no habría quedado ningún Estado musulmán importante en el mundo al este de Marruecos.»
Tras el ataque mongol en 1243 sobreviven pequeñas regiones autónomas, entre ellas, el sultanato de Rüm en Anatolia. De aquí sale Utmán I, también conocido como Osmán, fundador del imperio otomano que con Solimán el Magnífico (1495-1566) alcanzó su máximo esplendor. La gloria del Imperio otomano se inició con la toma de Constantinopla por Mehmet II en 1452 y culminó cuando Solimán el Magnífico logró apoderarse de Hungría en 1526.
La intervención turca en la rebelión de los moriscos de las Alpujarras, y su clara amenaza sobre la cuenca occidental del Mediterráneo después de ocupar Túnez, presagiaba una amenaza directa contra España y el resto de Europa. Los paramos en Lepanto en 1571, después de que tomasen Chipre. Don Juan de Austria arenga a los españoles:
"Hijos, a morir hemos venido, o a vencer si el cielo lo dispone. No deis ocasión para que el enemigo os pregunte con arrogancia impía ¿Dónde está vuestro Dios? Pelead en su santo nombre, porque muertos o victoriosos, habréis de alcanzar la inmortalidad".
Y ciento y pico años después, en 1683, llegan a las puertas de Viena. En 1696, Rusia toma Azov, comenzando la larga serie de guerras ruso-turcas. En 1783 los rusos anexionan Crimea. El Imperio Otomano va perdiendo dimensión, combate junto a los alemanes en la I Guerra Mundial y en 1923 se transforma en la República Turca.
Después de la II Guerra Mundial y con motivo del holocausto judío, a manos del nacional socialismo, la solución final consiste en la irrupción de un nuevo actor: el Estado de Israel en tierras de Palestina
El mundo árabe, fascinado y a la vez espantado por el "peligro rubio" al que, in illo témpore ha vencido, pero que, con el paso de los siglos, ha conseguido dominar la tierra, no es capaz de digerir las cruzadas como un episodio del pasado que ya no volverá. Causa sorpresa ver hasta qué punto la actitud de los árabes, y de los musulmanes en general, respecto a Occidente sigue bajo la influencia de unos enfrentamientos acaecidos hace siete siglos.
Hoy en día los responsables religiosos y políticos del mundo árabe se remiten con frecuencia a Saladino, a la caída y toma de Jerusalén. Se equipara a Israel, tanto de forma popular como en algunos discursos oficiales, a un nuevo Estado de cruzados. Al presidente Nasser, en sus días de gloria, lo comparaban con Saladino que, como él, había reunido Siria y Egipto. Incluso la expedición de Suez de 1956 se vivió, al igual que la de 1191, como una cruzada dirigida por franceses e ingleses.
En el Islam aflora un sentimiento de persecución que adquiere, en los fanáticos, la forma de una peligrosa obsesión. ¿Acaso no vimos al turco Ali Agka disparar al papa el 13 de mayo de 1981 tras haber explicado en una carta: He decidido matar a Juan Pablo II, comandante supremo de los cruzados?
El Medio Oriente, envuelto en el fundamentalismo, sigue viendo en Occidente un enemigo secular; coincidiendo con no pocos ciudadanos occidentales, que desconocedores de su historia, parecen dispuestos a abrazar cualquier cosa, aunque sea su propia ruina.